Vitalic: Live en Razzmatazz

Quien mejor se lo pasó: Vitalic
Era lo que en muchos calendarios se conoce "juergues", es decir, un jueves que se presenta bonito, intenso y en este caso soberbio. Y sobra decir más. Y era pensar en el simple seudónimo de Pascal Arbez y la sala Razz se me antojaba escandalosamente radiante.

Fue entrar por la puerta y ¡Welcome to wonderland! Al país de las maravillas se llega a veces a deshora. Doce de la madrugada en punto: los Requesters caldeaban el ambiente y lo hacían de forma sublime; mis disculpas para quien discrepe pero no encuentro otro adjetivo que defina mejor la actuación de este dúo de Barcelona y más después de escuchar el I think I like it de Fake Blood en su sesión. Gran estilo el que lucían los chavales y brillante selección de música la que estaban haciendo. El ritmo que llevaban en el cuerpo aún con las manos pegadas al teclado recordaba bastante al de SebastiAn o al de Justice en sus directos; sí, también la música tenía bastante que ver por no decir que a veces creí estar delante de un nuevo fichaje de Ed Bang Records. Dulce locura electrónica con denominación de origen La Ciudad Condal, y con un ritmo de funk y big beat que parecía querer aplastar a los allí congregados.
Lleno apabullante de pista y que salga ya Vitalic. En el medio del escenario de Razz, una gran mesa (al lado de la pequeña con la que funcionan los Requesters) nos da a entender que semejante disparate de mandos tiene como dueño a nuestro hombre de la noche. Empieza el movimiento detrás de dos paneles enormes y el personal comienza a ponerse nervioso. A esto ayuda que los Requesters vayan rematando la actuación haciéndose señales el uno al otro como si se tratara de un partido de fútbol a dos minutos del final.
Una figura anónima sale entre bambalinas y toquetea la mesa mientras nosotros, desde abajo, le observamos con cara de “tsss ¡cuidadito!”. Los Requesters apagan y se van, y nosotros nos quedamos atónitos mirando al escenario. Silbidos, gritos y qué más da lo que hayamos tomado si por fin estamos aquí. Ahora sí, negro riguroso y altura infinita; saluda como si fuera uno más en la fiesta y no hubiera podido llegar antes, y sin más preliminares este hombre francés con gesto más que amable se pone a trabajar. Como si nunca hubiera roto un plato, se concentra en lo que tiene delante y empieza a deleitarnos. No pudo esperar y dejar lo mejor para el final; desde el principio todo fueron joyas (pocos de sus temas no lo son) y para muestra la apertura: Fanfares (¿No queríais caldo? Ahí os van dos tazas). Y el que no hubiera cogido aire al principio lo iba a tener jodido después porque el gavacho no nos dejó volver a respirar. Comprobado: los que lucen cara de buenos, engañan.

Bells, Chicken Lady, La Rock, Newman y hasta el Galvanize de los Chemical (entre otros). A los primeros sonidos de My friend Dario no los podía seguir nada más que una subida general de brazos y un griterío más apropiado de grupo de cheerleaders que han perdido el juicio. Desde la pista, se dio tregua a la parte cantada pero el resto se vio tapado por los ya míticos tarareos a modo “lololo”. Vitalic, que sabía que estaba enloqueciendo de forma extraordinaria al personal, aprovechaba los momentos de mayor éxtasis musical para marcarse un breve baile girando el cuerpo hacia izquierda o derecha indistintamente y levantando las manos como si el buen hombre estuviera escuchando música en casa y enalteciendo los temas de otro. ¡No, Vitalic, no! ¡Ésta la estás liando tú solito! Aunque los de iluminación te estén echando una mano en tu misión de trastocar a una pista entera (staff del Razz incluido, porque ni detrás de la barra podían esquivar al huracán Vitalic y eso lo vimos).


Parecía que no habían pasado ni diez minutos cuando empezó ir cerrando. Que me voy, que no me voy, que me voy… y apagón de luces en el escenario y vuelta a los ruedos de Requesters. Algunos aprovecharon para ir yendo a casa pero la mayoría prefirió y quedarse por lo que pudiera pasar o porque ¡dónde iban a estar mejor que allí!
Los Requesters sonaban fuerte, como si tirasen a dar. Tampoco les duró mucho. No sabemos muy bien qué se le pasó por esa cabecita sin pelo al genio; el caso es que poco después Vitalic salía de nuevo al escenario como si se le hubiera olvidado decir algo. Como un niño que no aguanta ver cómo los demás utilizan su juguete favorito. Vaso en mano (y no lata de bebida energética como pasaba mientras se lucía con su sesión), decidió acercarse hasta la mesa del dúo barcelonés con el mero propósito de hacerles ovación con las manos y bailando más desahogado que antes. Lo primero que a más de uno se le pasaría por la cabeza: ¿esto es realidad o me lo estoy imaginando? Nada, compañeros. Verídico. El francés se puso a animar a los chavales como si un espontáneo se hubiera colado por la parte de atrás de la Razzmatazz. En cuestión de minutos le montaron el chiringuito en la misma mesa de los Requesters para que el nene se divirtiera y se uniera a la fiesta con ellos; poco después era él en solitario quien estaba a los mandos de la nave otra vez. Volvía con la misma fuerza que al principio, por un período de tiempo más breve pero igual de intenso.


Por los gestos que su equipo le hacía, el final (el de verdad y sin más salidas) se olía cerca; pero el señor se resistía. Se le veía disfrutar como si a sus 33 años estuviera haciendo esto por primera vez en su vida. Y finalmente… ¡tachán! Se fue, sí, pero lo hizo bailando; mano derecha en alto y movimiento de caderas al ritmo de la música. Así hasta el backstage.
Copien y peguen muchos de sus contemporáneos si quieren (y se ven capaces), porque esto no tiene nombre. Larga vida Vitalic.
Alicia Álvarez
Fotrografía, Estrella Adé













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