Fake Blood

Te pillamos, Fake Blood ¡Y nos gustas!
Ha escondido su identidad desde sus comienzos en 2007. No concede entrevistas y en las fotografías que desde su productora se envían a los medios no se ve su rostro. Pero el pasado sábado 30 nosotros teníamos el antídoto contra toda curiosidad: una cámara y unas ganas enormes de fotografiar su rostro. Se rompió la magia (o no).Su primera víctima en cuanto a remezclas fueron The Black Ghosts y aunque ha intentado ocultarlo misteriosamente ahora sí que no hay duda: él es uno de los componentes de este dúo londinense con el que comenzó su proyecto paralelo como Fake Blood. Su verdadero nombre es Theo Keating y también se le conoce bajo el aka de Touche ¡que no sea por identidades! Su compañero de batalla en The Black Ghosts es Simon Lord, sí, el vocalista de la banda Simian, punto de partida de Simian Mobile Disco y una voz quimérica donde las haya, sino escúchenlo con su proyecto Lord Skywave.
Entre los remixes de Fake Blood figuran nombres como The Kills o Bonde do Role. Su única entrevista -donde por primera vez se vio su verdadera imagen- tuvo lugar en 2009, en Nueva York, para el programa Scion Radio 17. Entonces confesó tomarse su tiempo para hacer los temas y si es ahí donde reside la elegancia de su alocada electrónica de baile y letras divertidas, bienvenida sea su parsimonia.
Desde sus comienzos hasta hoy Fake Blood ha trabajado tanto con remixes como con temas de producción propia. El boom de estos últimos llegó con Mars, el cual, según me dicta el oído, se ha visto superado por el apoteósico I think I like it. En su sesión del pasado día 30 de enero, el londinense nos hizo esperar un buen rato para escuchar sus dos masterpieces, pero no perdimos la calma porque nos tenía completamente hechizados con su menú de platos fuertes. ¿Brujería? no lo creo. Eso sí, casi todos nos dimos cuenta de los mensajes subliminales con los que se la jugó el niño. A lo largo de la sesión, Touché soltaba efectos de sonido que -con distintas voces y ritmos- repetían las palabras Fake y Blood indistintamente. Algo que, dependiendo del estado en el que cada uno se moviera por la sala de Apolo, resultaba un detalle divertido o cosa de locos. En mi caso, a veces cosa de locos, a veces divertido.
Desde la pista se podía ver claramente su forma de meter mano a la mesa de mezclas. Lo hacía de tal forma que parecía un mago queriendo mostrar a toda costa que allí no había truco. Pudimos verle mejor gracias a la (a veces inapropiada) iluminación de la sala, más cerca de la que se utiliza cuando se quiere mandar a la tribu a casa que cuando lo que se persigue es dar fuerza al sonido. Menos mal que la música del señor Keating no necesitaba compañeros de viaje que lo estimulasen. Se sobraba por sí sola.

La puesta en escena estaba preparada para que la grada se quedara más con su nombre que con su cara. Entre las voces y los visuales (en los que se leía Fake Blood en todas las gamas de colores posibles) raro es que la última vez que quise refrescarme no cambiase a mi querido Brugal por un Fake Blood con coca cola.
Expectativas más que cubiertas, aunque si el I think I like it hubiera durado algo más del minuto y medio o se hubiera repetido, algunos nos hubiéramos ido (aún) más contentos a casa. Es así. El tema en cuestión es uno de esos caprichos de sábado noche que cuando no se concede produce pataleta extrema y enfado firme. Y cuando empieza a sonar y nos pilla en la barra: “no me pongas la copa que ahora vuelvo”. Y la pista se nos queda pequeña. Inevitable, camaradas; el hit sobrevuela ya nuestras cabezas y su abajo firmante se nos echa encima. Fake Blood, Touche, Theo Keating o quién demonios seas: puedes seguir con el misterio de tu identidad, pero en Barcelona nos hemos quedado con tu cara (y con tu forma de agitar las paredes de una sala y a los allí presentes).






