The XX

Razzmatazz 2
09/11/2009 22.30
Tal y como apuntaban las últimas noticias sobre The XX, Baria Qureshi no estuvo presente en el concierto de Barcelona. No obstante, y sintiéndolo mucho por ella, no se notó.
La formación reducida a tres se presentó en la sala 2 de Razzmatazz con la misma apatía con la que caminan por la vida. No así el público, que se agolpó antes del concierto ávido de entradas en taquilla (entradas inexistentes) y luego llenó la sala de cuerpos y de entusiasmo, aplaudiendo al principio, final y, en algunos casos, durante las canciones. De las más aplaudidas, su versión de Teardrops de Womack & Womack; las reinterpretaciones de clásicos son también un punto fuerte de The XX en el directo y así quedó demostrado. El entusiasmo hacía un contraste bien curioso con el espíritu de la banda, de su música, del concierto… Ansiar esa inundación de incertidumbre que es la música de The XX es una paradoja; pero todos los allí presentes eran conscientes (y más después de que las entradas se agotaran) de que el lunes, en Barcelona, a las 22.30 horas, no había otro sitio mejor donde estar.
Si bien Oliver Sim, la voz masculina, masculló algunas palabras en inglés y otras cuantas en castellano, Romy, voz femenina, no hizo ademán de mostrar cualquier guiño o gesto hacia el público. De haber podido, hubiese tocado de espaldas al público de pura vergüenza (del “shoegaze” al “backstage gaze”). Se lo podemos perdonar porque es precisamente esa falta de sangre, la energía comedida, la que ellos transmiten en sus canciones, igual en el directo que en el disco, la que nos ha cautivado a todos. Sus voces suenan cercanas, se entrelazan a la perfección e inundan el ambiente de melancolía juvenil; esa tristeza que sólo se desprende de un joven que se siente muy viejo.
El directo –y la falta del cuarto miembro del grupo- puso de manifiesto un detalle indispensable para entender el éxito de The XX: Jamie Smith. El hombre en segundo plano, el que controla los beats y los ritmos, el que imprime de carácter las melodías de los cantantes y sus guitarras y bajos, al que menos le preocupa cuán triste sea la vida de sus compañeros porque él es feliz con sus maquinitas. Convenció a escépticos –si es que quedaba alguno- con una ejecución en vivo en la que se da permiso para improvisar con bombos y cajas, alterando el producto original y demostrando que su salida de la banda sí hubiera sido determinante. Gracias Jamie, sin ti no hubiese sido lo mismo.

