Arcade Fire en Barcelona: Bendita Polivalencia

Y benditas ganas. Y bendita fuerza. Y bendito "No se nos sube a la cabeza ni llenando estadios; ni siendo objeto de deseo de la Señora MTV", siempre ataviada con collares de perlas. Divina épica la vuestra.
Arcade Fire se llama cantar con todo el cuerpo. Directos son castillos de percusiones, teclados, palmas, coros, pianos, acordeones, megáfonos, guitarras… que cuando explotan al unísono hacen temblar la tierra y titubear al cielo. Lo de Arcade Fire se llama tocar con avaricia. Mirar un instrumento con lujuria. Descomunales golpes de ruido como descargas eléctricas para volver a dar vida. El pasado domingo miles de personas resucitaron en el Palau Sant Jordi. Y por si alguien lo dudaba eso no es más que pura medicina.
El Ready to Start se notaba en el ambiente antes de que comenzara. Soberbia bienvenida, aunque ya se percibiera un atisbo de problemas de sonido (por lo menos desde las gradas) que a veces obligaban prácticamente a intuir la voz de Win Butler. La misma voz que se pasó la noche gritando "Thank you for comming", la misma que al terminar de cantar Neighborhood 2 escuchábamos entonando frases en catalán y en castellano. "Bona nit, Barcelona. ¿Qué tal?" Y una vez nos dio por saludados a muchos ya nos brindó el regalo: No cars go. Servidora, que por primera vez en su vida no probó ni una gota de alcohol antes ni durante un concierto, da fe de que los coros, los violines y los let’s go del final sumados a las voces de todo el Sant Jordi embriagan, y mucho. Como si el mundo entero hubiese urdido un plan para emocionarnos aunque no quisiéramos. Pero sí queríamos.
Por si acaso no les pareciera ser suficientes para llenar un escenario, resulta que a esta banda extraplanetaria que se pasa la hora y media de concierto intercambiándose e inventándose instrumentos y formas de tocarlos, le da por mover cada parte del cuerpo mientras actúa. Como si se tratara de un juego de niños en el que gana más puntos quien menos tiempo permanezca quieto. Queda así claro que uno puede bailar mientras toca el violín como si en realidad estuviese fingiendo tocarlo. Infinito despliegue de instrumentos por el que pasan sus conciertos, cuidados al milímetro. Eso sí es una puesta en escena, para que luego nos vengan con cuentos. Improvisaciones premeditadas con calculadora que saben de la reacción enajenada que tendrán por respuesta. Si pestañeas la has jodido, te lo pierdes.
Y el Señor Don Butler nos guiñó el ojo
Una vez sentado al piano y preparado para tocar Suburbs, Win quiso hacer un guiño a Barcelona refiriéndose a su primera vez en la Ciudad Condal (Primavera Sound 2005). "Nosotros éramos tan jóvenes…" y esbozó una gran sonrisa mientras decía algo así como que aquí estamos jodidamente locos porque eran las siete de la mañana y la carpa estaba completamente entregada. Terminó confesando con mirada cómplice que echa la culpa a los que allí estuvieron porque Régina y él pillaron una de sus mayores cogorzas. Y ovación de los asistentes, orgullosos de tal gesta. Resulta chocante ver los vídeos de entonces y compararlos con los de ahora. Punto de mejoría en la estética del grupo, sobre todo en la de Butler, que ahora parece más líder de la banda. Ha ganado en confianza y también en sex-appeal.
La sonrisa tonta
Que muchos estaban allí gracias al magnífico Funeral (2004) ya se sabía. De hecho cada vez que sonaba alguno de los temas de aquel prodigioso álbum, las chiribitas en los ojos de la multitud se veían hasta con las luces apagadas. Sonrisas tontas a punta pala.
A medida que transcurría el concierto parecía que ellos fueran teniendo más ganas de fundirse con los allí presentes. En We used to wait y en Rebellion (entre otros) Butler bajó del escenario y se dejó tocar por las manos de las primeras filas. William Butler (el hermanísimo) copió su actitud y de pronto se lanzó a una velocidad estrepitosa hacia las vallas de seguridad para tocar el tambor más cerca del público. Dos temas que dieron lugar a dos momentos apoteósicos, junto con No Cars Go y Wake Up (éste último sirvió de cierre). Dicen los Arcade en esta canción que somos sólo un millón de dioses provocando tormentas de lluvia. Que no se engañen los canadienses, ahora mismo sois siete, el resto simplemente les hacemos los coros cuando vamos a sus conciertos.


