Screamadelica, veinte años después

El pasado sábado, con motivo del décimo aniversario del Razzmatazz - sala a la que hay que felicitar por la brillante programación de este final de año -, Primal Scream presentaba un concierto-homenaje de su mítico Screamadélica, disco de culto donde los haya (aparece en todas las listas de mejores discos de la historia) por haber fusionado en un momento muy concreto dos movimientos tan diferentes como son el rock y la cultura rave.
Premonitorio de este homenaje fue el documental que se pudo ver dos semanas antes en el Festival Innedit: "Upside Down: The Story of Creation Records". En él se narra el recorrido de este mítico sello inglés que lanzó, además de los Primal Scream, a gente como My Bloody Valentine, Tenage Fanclub o Oasis, y se explica como se fraguó Screamadelica en un momento en el que el sello estaba en bancarrota por los excesos de los fundadores. Hablamos de 1990, un año después del verano del amor; Inglaterra vivía bajo los efectos de un "éxtasis" en el que la electrónica aunaba a cientos de miles de personas en un incipiente pero frenético movimiento rave. Y fue en este ambiente en el que se imbuyeron unos jóvenes rockeros de Glasgow amantes de los sonidos sureños, siguiendo los consejos de un colgadísimo Alan MacGee (fundador de Creation), para encerrarse en una casa con un tal Andrew Watheral (productor) a tocar con toda libertad y ponerse hasta arriba de todo. Así fue como se parió Scremadélica y así lo cuentan los protagonistas en este brillante documental. El resto de la historia, todos la conocemos: temas sublimes con los que en alguna ocasión todos hemos volado y acariciado las nubes.
Dicho esto y dejando el pasado de lado, el sábado nos enfrentábamos a los recuerdos y a un concierto de un LP que encima se concibió como disco de estudio, con todo lo que esto supone. Pero a grandes problemas, grandes remedios: los Primal deciden telonearse a ellos mismos para que la gente se quede contenta.

Y así comenzo todo. Bobby Gillespie, que parece haber hecho un pacto con el diablo - mantiene la esbelta y frágil figura de un post-adolescente indi de los 90 - aparecía entre la bruma azul del escenario escoltado por Andrew Innes (guitarra) y Gary Mounfield (bajo), bastante más desmejorados. Seis temas de su extensa producción, grandes hits en su momento, fueron los que ofrecieron como preludio al disco homenajeado: tres temas del también mítico XTRMNTR ("Accelerator", "Shoot Speed/Kill Light" y "Swastica Eyes") y algo de rock fronterizo con temas como "Country Girl", "Jailbird" y un apoteósico "Rocks" que cerraba un "warm-up" con el público totalmente entregado.

Tras quince minutos de descanso, lo justo para ir al baño y pedir una copa, volvían al escenario para empezar con el plato fuerte de la noche: devolver a la vida casi veinte años después (se hace raro que haya pasado ya tanto tiempo) el mítico Screamadelica. Empezaron con el tema "Movin' On Up" y Bobby no paro de dar palmas y hacer su carácterístico contoneo de caderas con las piernas juntas, ese movimiento con el que parece que tenga ganas de ir al baño; luego siguió "Slip Inside This House" y sus melodías orientales distorsionadas que invitaban a comenzar un despegue que indudablemente llegaría con "Don't Fight It, Feel It". Fue con este tema cuando apareció en escena una pedazo de cantante gospel para hacer los coros y cantar en algunos momentos. Entonces, cuando ya se acariciaban las nubes, llegó el momento del aterrizaje forzoso, provocado por la sucesión de las tres baladas psicodélicas del disco ("Damaged", "I Comin' Down" y "Shine Like Stars"), que dejaron al público muy frío (estos son los inconvenientes de hacer un concierto de un disco, el repertorio es limitado). Pero esto no había acabado, quedaban los himnos screamadélicos por excelencia para retomar el vuelo y llegar hasta el espacio sideral: primero "Higher Than the Sun", que quizás les pilló algo fríos tras el parón ambient (tanto a ellos como al público); luego vino "Loaded", con Bobby maracas en mano, trompetas infinitas y coros angelicales, para acabar con la explosión celestial del "Come Together", de nuevo con el público entregado.

Y así acabó todo, las luces se encendieron y los Primal Scream desaparecieron discretamente, sin aspavientos. Fue también el momento de los rencuentros entre un público veterano que supera la treintena, muchos conocidos de la noche que hacía años no se veían. Seguramente comentaban que fue mucho mejor el concierto del FIB del 2000, o el del BAM del 97 pero , al fin y al cabo, había valido la pena, aunque sólo fuera por los buenos recuerdos.
Ramón Adé
Fotografía: Laura Burbaite






