Vetusta Morla o el colmo de la credibilidad
Si Pucho entona que "si cierran la mirilla rompe la ventana" es porque lo va a hacer. No puede ser de otra forma. Canciones basadas en hechos/sentimientos/pensamientos reales. Lo dicen sus gestos en el escenario. Lo dice a gritos y a susurros, pero siempre con la misma fuerza y con la misma franqueza en la mirada. Vetusta Morla elevan el directo de tal manera, que habría que prohibirles la venta de discos.
Hay un equilibrio en el escenario que se rompe con el estruendo final de En el Río. Y Pucho baila y se deja bailar a golpe de maquinaria pesada, la que tocan sus compañeros de banda. Como si su cuerpo fuera "instrumendirigido" por las cuerdas de la guitarra de Guillermo Galván o el ruido de baquetas de David "el Indio". Vetusta Morla cautiva al público desde la primera pisada. Profundo primer aplauso. Y era sólo el comienzo; tras "En el Río": dos horas de concierto, de traca final de ese paso por Barcelona que aglutinaba cuatro noches de actuaciones en la Ciudad Condal. El pasado sábado, la sala Razzmatazz se estremeció ante una puesta en escena perfecta.
Venían a presentar Mapas (su último disco). Y por si había dudas, Pucho lo aclaró cuanto antes, después de saludar en catalán a un público que se debatía entre la calma que pasa la treintena y el nerviosismo adolescente, entre la cerveza pausada y el vodka acelerado. Y ovación invertida: ese mismo público se vio aplaudido por el grupo poco después de subir a escena. Pero no fue un aplauso banal, nada baladí, alejado de tibiezas y frialdades. Fue un aplauso lento, sincero, grande de intensidad. De púa en boca, brazos en alto, de barrido de miradas por parte de todos y cada uno de los miembros del grupo hacia pista y gradas.
El hombre del saco, Copenhague, Los Días Raros, Boca en la tierra, Sálvese quien pueda, Valiente, Un día en el Mundo... El repertorio aglutinaba casi todo, aunque quisieron hacer hincapié en Mapas; de hecho Maldita Dulzura y Baldosas Amarillas nos hicieron olvidar a muchos que se les pasó tocar Al respirar.
Pureza. Modestia. Iluminación acertada. Depedro (Jairo Zavala) como invitado y sorpresa. Cambio de guitarras. Rotar de instrumentos. Garra. Perfecto entendimiento entre todos ellos. Exceso de dulzura y de llenar el escenario por parte de Pucho. "¿Estáis bien?" lanzó en medio de un calor casi insoportable como quien arropa a un niño y le besa la frente antes de irse a dormir.
Se llevaron un amor merecidísimo a cargo de los allí presentes, que no cayeron en la cuenta de que el grupo debía irse hasta que se fueron. Y con cada amago de abandonar la sala, la compenetración del público para cantar los coros de Shaharabbey Road ("lalalalalalalalalalalalalalá - lololololololololololololó") era escalofriante. Voces masculinas a una y voces femeninas a otra, digno de ver.
Lo que Vetusta Morla vende en las tiendas es un guión, lo que hace en directo obra de arte.
Alicia Álvarez
Fotos: Santi Justel


