Carlos, Walter vs Wendy

Pionero y precursor de la música electrónica experimental e inventor de la "Space Music", Walter Carlos fue el hombre que tuvo la osadía de hacer revisiones de los grandes clásicos, alcanzando la fama y reconocimiento por la banda sonora de La Naranja Mecánica. Pero también fue la mujer que continuó desarrollando la música electrónica desde una perspectiva culta, alcanzando del mismo modo un gran reconocimiento - aunque en esta ocasión con el paso del tiempo - por la banda sonora de Tron. Este es el recorrido por la historia de este peculiar personaje, principal exponente de la transición de la música electrónica de lo científico a lo popular.
Walter nació el 14 de noviembre de 1939 en Pawtucket, Rhode Island, y comienza a estudiar piano a los seis años. Al joven músico, desde sus comienzos, también le apasiona todo lo relacionado con la ciencia, especialmente la electrónica y la informática. En su imaginación se comienzan a elucubrar entonces la infinidad de posibilidades que le podrían ofrecer una fusión entre música y máquinas. Sus primeros estudios musicales en la Brown University no lograron saciar su sed de experimentación por lo que, en 1959, decide inscribirse en el Columbia-Princeton Electronic Music Center de Nueva York. Allí seguirá las enseñanzas de otro gran pionero de la musica electrónica e inventor del famoso sintetizador ADSR, Vladimir Ussachevsky. Si la mayor parte de los alumnos del centro tienden a la experimentación pura y dura, Walter Carlos tiene otros propositos: nada más y nada menos que hacer cambiar la tradición clásica en pleno nacimiento de la electrónica, para impulsar así una fusión de la dimensión culta y popular de la música con la tecnología como herramienta. Ussachevsky enseguida percibe el potencial de ese misterioso muchacho, cuyo aspecto físico desconcierta para la época (una curiosa mezcla entre un "nerd" y un intelectual mutante), y le invita a que trabaje junto a Robert Moog, un reconocidisimo ingeniero que en 1964 presentaría un sintetizador revolucionario - por lo compacto y evolutivo: el archiconocido Moog. El flechazo entre los dos personajes fue inmediato.
La unión espiritual entre el ingeniero y el músico da lugar a una idea descabellada para la época y genial por su simplicidad: grabar partituras de Bach con el sitetizador. Producida por Columbia, este Bach al Moog se materializó en "Switched-On-Bach", el primer álbum firmado por Walter Carlos, en cuya portada posaba un Juan Sebastian Bach con unos cascos en la mano, conectados al famoso sintetizador. Aunque hoy en día no sea más que una rareza kitch, perseguida por los amantes de este tipo de joyas bizarras, en 1968 se presentó como toda una revolución (en las notas de la portada del disco Robert Moog dice: "Este álbum es la ruptura más sorprendente en la música electrónica de hoy en día"). Y es que con este disco la música electrónica, hasta entonces confinada a estudios-laboratorios, reservada a una élite iluminada, llega de golpe al gran público. De hecho, fue la primera vez que un disco de música "clásica" alcanzaba el Top 10 americano, al vender más de 500.000 copias el año del lanzamiento. Aunque para muchos puristas este trabajo fue todo un sacrilegio, su éxito dío lugar a otros rip offs impresionantes: propuestas mutantes y geniales como el Country Moog de Switched On Nashville o el Exotic Moog de Martin Denny. Y es a partir de este momento cuando se populariza el uso de los "synthes" analógicos en el rock y el pop: de Aphrodite´s Child a Tangerine Dream, pasando por Black Sabbath, todo el mundo empieza a echar mano del synth.

Tras el siguiente álbum en 1969 "The Well-Tempered Synthesizer", en el que echa mano de Scarlatti y Hendel, llega a los oídos de Walter que Stanley Kubrick quiere llevar a las pantallas una novela de Anthony Burgess de 1962 de la que es fan absoluto: "La Naranja Mecánica". Hizo todo lo posible para ponerse en contacto con Kubrick, al que envió sus dos discos y una nueva composición, Timesteps, mucho más experimental, una especie de oda clásica electónica concebida bajo los efectos del LSD. Al parecer, Kubrick alucinó tanto con este tema que le encargó nuevas revisiones de los clásicos al synthe y composiciones originales. El resultado fue una tremenda BO que por su fuerza estética y psíquica, estremeció y traumatizó a toda una generación. De hecho, Carlos fue el inspirador e instigador de toda una generación de músicos ingleses; sin saberlo, y diez años antes, había creado la New Wave. Ese mismo año publica "Sonic Seasoning" y, inspirándose en las cuatro estaciones de Vivaldi bajo los eflubios lisérgicos, sienta las bases del Ambient y la New Age.
Aunque por aquel entonces Carlos tenía otras preocupaciones más allá de la "space music": en su interior bullía desde hacía tiempo una inquietud que le llevaba a no entender de que le servía esa cosa que le colgaba entre las piernas, por lo que decide desembarazarse del asunto. De este modo Walter Carlos cambia de sexo y pasa a llamarse Wendy Carlos, una hermosa y delicada criatura de pelo lacio que vive encerrada en su estudio, componiendo bellas creaciones infinitas, rodeada de sus amados gatos siameses. En 1980 vuelve a colaborar con Kubrick, en esta ocasión para la película El Resplandor, con dos composiciones que harían estremecer los pasillos del Hotel Overlook; sin embargo esta vez el idilio entre Wendy y el maniatico director no acabó muy bien, sería la última vez que trabajarían juntos. Poco después, se sumerge en una nueva BO, en esta ocasión para una producción de Disney, en la que se iba a mezclar por primera vez las tomas reales con animaciones generadas por ordenador: así surgío Tron, una película que fue un fracaso inicialmente pero que con el paso del tiempo se ha convertido en toda una obra de culto. Las composiciones de Wendy, ambientan magistralmente a una humanidad que se ha perdido en un laberinto virtual sin salida. Este argumento tan premonitorio ha sido el que seguramente ha forzado la salida este año de un remake ("Tron Legacy") en el que, como dignos sucesores de Wendy, podremos disfrutar de la música de Daft Punk.
Las últimas décadas Wendy ha dedicado su tiempo a sus otras dos grandes pasiones: la fotografía y la astronomía, más concretamente a los eclipses lunares. De hecho, ella misma se autodefine como una coronáfila (amante de los eclipses lunares totales). La podemos imaginar en su boardilla, rodeada de su colección de sintetizadores, amplificadores y computadoras, con sus siameses roroneando entre sus delicadas piernas, mirando la luna por la ventana - esperando que el sol se cruce en su camino - y componiendo en su mente bellas sinfonías intergalácticas. ¡Oh Wendy!, ¡qué ser más espcepcional eres!
wendy carlos à propos de kubrick


