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No estábamos muertos, estábamos en el Primavera. La crónica, parte III

Crónicas



Tras dos días de intenso festival, y aunque las fuerzas comenzaran a flaquear, el sábado valía la pena llegar pronto al Forum y acudir a las siete de la tarde al ATP. Y es que en este escenario se presentaba una de las propuestas más interesantes y peculiares del festival: Michael Rother & Friends Present Neu! Music.

Se percibía en el ambiente cierta veteranía y melomanía para presenciar esta regresión al krautrock más puro. Ya pudimos ver en enero esta reagrupación en la Sala Becool, pero en aquella ocasión sin la presencia de Steve Shelley (Sonic Youth) haciendo las veces de Klaus Dinger; y es que aunque el ex-batería de Kraftwerk y fudador de Neu! muriera en 2008, Michael Rother (guitarrista y co-fundador del grupo) ha tenido la genial idea este año de rendir un merecido tributo al grupo y salir a la carretera para revivir el sonido motorik, que tanto está influenciando a las vanguardias actuales en la electrónica así como en el indie rock. ¿Y qué ofrecieron Rother y sus "amigos"? Más de una hora de distorsión y atmósferas progresivas, reviviendo grandes éxitos como "Hallogallo", con el que por cierto, comenzaron el recital. Después, la cita obligada, por la expectación creada, era Florence And The Machine en el escenario San Miguel. Aparecía la británica ataviada con un vaporoso vestido blanco que le confería un aura mística; y debió ser este misticismo el que hizo a la gente olvidar sus carencias a la hora de cantar porque si la muchacha tiene una virtud, esa es conectar con el público y moverse en el escenario. Pero cantando, lo que es cantar, deja bastante que desear. Aunque la actuación fue entretenida, dio la sensación de que el San Miguel -en el que el viernes habían actuando Pixies -  se les quedaba grande a los ingleses.



A las diez menos cuarto se producía uno de esos recurrentes dilemas del Primavera, inevitables cuando la programación se reparte entre tantos espacios diferentes, que consistía en elegir entre tres conciertos, a priori, atractivos: Grizzly Bear, The Antlers y The Drums. La única solución era intentar ir a los tres y correr como posesos por las interminables calles del Forum. Comenzaba la maratón en el Pitchfork con Peter Silberman y los suyos ofreciendo una actuación que resultaría una de las más agradables sorpresas del festival. Evidentemente The Antlers -cuyo último trabajo versa sobre la historia de amor entre un hombre y su mujer, enferma terminal de cáncer- no ofrecieron un concierto divertido, pero fue una propuesta de lo más emotiva; y es que, escuchando la voz del bueno de Peter, daban ganas de abrazarse con el de al lado y ser mejor persona. La voz de este chico es sobrecogedora y en directo aún es más impresionante. Con lágrimas en los ojos y pensando en lo mucho que se echa de menos a los seres queridos, era el momento de hacer la primera escapada a un abarrotadísimo espacio Ray-Ban, donde los cuatro integrantes de Grizzly Bear abarcaban todo el escenario y ofrecían un repertorio que incidía especialmente en su último álbum "Veckatimest" (Warp, 2009). La piel de los asistentes alcanzó su estado más gallináceo con "Ready, Able", donde la banda consiguió que el amplio espacio del escenario Ray-Ban se volviera un lugar íntimo. Sin aliento y exhaustos por tanto sentimiento emotivo tras las últimas actuaciones, llegamos a The Drums en el escenario Vice y  era justo lo que se necesitaba en ese momento:  una cierta dosis de hedonismo y postureo para olvidarnos del existencialismo en el que llevábamos sumidos la última hora. Aunque no sólo de pose y estilismo y caras bonitas viven estos chicos. Fue un concierto con mucha energía y su cantante Jonathan Pierce desplegó todo su magnetismo a base de esa fórmula infalible que es el beach pop luminoso y veraniego.



Tras la maratón era el momento de descansar e ir deambulando por los diferentes espacios, los más interesantes, claro. Unos Matt and Kim simpáticos y con sonidos frescos en el Vice, en Pitchfork los energéticos No Age que repetían (ya se les podía haber visto en el 2008); en el Vice de nuevo, un trasnochadísimo Gary Numan, que ya no tiene edad para esas mitomanías; unas estupendísimas Dum Dum Girls o unos decepcionante Health hicieron pasar el rato hasta que llegó la hora del concierto de la noche; bueno, más que concierto, la puesta en escena de la noche: Pet Shop Boys. Neil Tennant y Chis Lowe ofrecieron un espectáculo superior que iba dando color a todos sus grandes éxitos. Bailarines y coristas que cambiaban de vestuario en cada tema, proyecciones, videoarte retrofuturista y unos atrezzos a modo de legos gigantes que iban transformando el escenario a medida que avanzaba el espectáculo. Neil Tennant, que también se cambió varias veces de vestuario como si de una diva se tratara, fue repasando todos los grandes éxitos con una actitud de buda feliz mientras las bailarinas no paraban de hacer piruetas. Chris Lowe, rodeado de sus inseparables sintetizadores, paso toda la actuación desapercibido hasta que apareció al final con un sombrero-maceta en la cabeza. Con una enorme dosis de buenrollismo, a la que ayudó una explosión literal de confetis y ese clásico ácido y atemporal que es "West End Girls", acabó el concierto. Era el momento de despedir el Primavera, y qué mejor forma que tomando un Fake Blood con Coca-cola en el Pitchfork. Fue la traca final, el mejor adios posible: agotando las últimas dósis de adrenalina bailando el "I Think I Like It".

Y sí, creo que me gusta, el Primavera se ha convertido en un gran festival tanto a nivel nacional como internacional. Sólo hay que atender a las cifras de participantes en una edición en la que el público extranjero sigue creciendo. Sin embargo, puede que el line-up se esté volviendo algo repetitivo -el pasado sábado en una crónica de los blogs de El Mundo lo tildaban con mucha sorna (sin faltarles parte de razón) de festival atrapado en El Día de la Marmota- debido al ahínco y protagonismo que siempre tiene la década de los noventa a la hora de elegir a los cabezas de cartel. No obstante, la programacion no te la acabas, las propuestas permiten disfrutar también de bandas nuevas interesantes y el apartado de electrónica aporta la nota puramente hedonista que requiere el evento, aunque a veces resulte en una brecha generacional entre los asistentes. El espacio del Forum (por muy abarrotado que esté) resultó cómodo y muy amplio (a veces tan amplio que los escenarios Vice y Adidas Originals parecían estar al otro lado de Barcelona), siempre con el Mediterráneo  o el skyline de Barcelona de fondo, una delicia para el melómano treintañero sin grandes pretensiones de renovación, así como para aquellos que todavía creen que la música, a pesar de los años, nunca dejará de evolucionar, en el mejor sentido de la palabra.

Texto: CaraB Staff
Fotografía: Juan Andrés

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